Intervencion de Juan Luis Martín Red En defensa de la humanidad en la Convención Medio Ambiente y desarrollo La Habana 2015

El mundo en que vivimos y la intelectualidad progresista Panel de la red En defensa de la humanidad

  

Juan Luis Martin                                                                                              

                                                                                                                                   

Quisiera comenzar agradeciendo, de todo corazón,  haber sido invitado a participar en este panel  dedicado a la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, La intelectualidad progresista constituye un grupo social de importancia decisiva y creciente para el destino de nuestro planeta.

 

El efecto acumulativo de una sucesión de formaciones económico- sociales basadas en la explotación de la naturaleza y de unos seres humanos por otros ha dado lugar a un mundo en que, por primera vez en la historia,  se produce la confluencia de cinco crisis globales simultáneas: ambiental, financiera, energética, alimentaria y poblacional.

 

La crisis ambiental que actualmente vive el planeta tiene como origen, por una parte, los cuatro siglos de dominación colonial que significaron la explotación irracional y el saqueo de los recursos naturales de más de la mitad del globo terráqueo; por otra, un modelo de explotación guiado por la acumulación creciente de ganancias, acompañado de una visión simplificada y reduccionista que ha funcionado bajo los supuestos implícitos de la disponibilidad infinita de los recursos naturales[1].

Esa crisis presenta seis expresiones principales que crecen aceleradamente: cambios climáticos, expresados en destrucción de la capa de ozono y el efecto invernadero; contaminación atmosférica, incluidas las lluvias ácidas; desertificación y deforestación acelerada; contaminación de mares y suelos por residuos y escasez de agua dulce.

  • En la actualidad, el problema de la desertificación afecta a 250 millones de personas y a una tercera parte de la superficie terrestre, equivalente a 4000 millones de hectáreas. El 70% de los 5200 millones de hectáreas de tierras secas que se utilizan en la agricultura está ya degradada y amenazada por la desertificación. En los próximos 20 años se espera que más de 60 millones de personas abandonen las áreas desertificadas de África subsahariana en dirección al norte de ese continente y a Europa.[2] .
  • Sólo el 2,53% del agua existente en el planeta es dulce, pero las dos terceras partes del total están localizadas en los glaciares y las cubiertas permanentes de nieve. Aproximadamente dos millones de toneladas diarias de desechos son vertidos al agua, incluyendo industriales, químicos, domésticos y agrícolas; el estimado global de aguas de desecho es de 1500 km cúbicos anuales.[i]
  • Si un modelo de crecimiento económico como el predominante desde la segunda mitad del siglo XX se mantuviera indefinidamente- suponiendo que eso fuera posible- tendría consecuencias irreversibles y catastróficas para el entorno natural del planeta y, por supuesto, para la especie humana.  No lo destruiría ni lo haría totalmente inhabitable pero, con toda seguridad, cambiaría las pautas de la vida en la biosfera y podría tornarla prácticamente inhabitable para la especie humana, en su número actual y en la forma en que hoy la conocemos.
  • El ritmo a que la tecnología moderna aumenta la capacidad de modificar el entorno es tal que, aun suponiendo que no se acelere, el tiempo de que se dispone para enfrentar el problema no debe contarse en siglos sino solo en décadas. De continuar la actual dinámica ambiental, antes de finalizar el siglo xxi  la humanidad enfrentará una situación de escasez de recursos naturales- en particular de agua potable- que, unida a los elementos anteriormente descritos, constituirá uno de los mayores desafíos para la vida de las jóvenes generaciones.
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A estos elementos se  une la crisis financiera actual, que tiene como sustrato más cercano  la aplicación de las medidas aconsejadas por el Consenso de Washington en la década de los 80 (austeridad fiscal; privatización; liberalización de los mercados), pero su  verdadera causa es el prolongado funcionamiento de una formación económico-social centrada en la acumulación de ganancias por medio de la explotación de unos seres humanos por otros lo que ha tenido entre sus  efectos:

  • Exacerbar el funcionamiento concentrador y excluyente de  la economía mundial, lo que provoca, entre  sus múltiples impactos: que la diferencia de ingresos entre países ricos y pobres, -que era de 37 veces en 1960-, a inicios de este siglo ascendiera a 74 veces; que las tres personas más ricas del planeta posean activos equivalentes al producto interno bruto combinado de los 48 países más pobres del mundo; que los habitantes del mundo desarrollado vivan treinta años más que los de África Subsahariana.[ii]
  • Generar un incremento acelerado de la pobreza a escala global: La pobreza extrema en el tercer mundo alcanza la cifra de 1200 millones de personas; el número de personas con hambre física se estima en 815 millones; la cifra de adultos analfabetos es de 854 millones; la de niños sin escuela llega a 325 millones.[iii]
  • Acelerar los procesos de desintegración social: el mercado mundial de la droga se estima en 250 000 millones de dólares, equivalente al producto interno bruto de dos tercios de los estados miembros de las Naciones Unidas;  la tasa global de delito crece a razón del 5% anual; los carteles de la droga, la prostitución y el tráfico ilegal de emigrantes y de órganos humanos se transnacionalizan.

 

Un tercer desafío  reside en las características que presentan los cambios demográficos. La población del planeta hoy se estima en algo más de 7102 millones de habitantes: en solo un siglo se ha multiplicado por más de cuatro veces. Se esperaba que esa población, en constante aumento desde mediados del siglo xx, se estabilizaría, alrededor del año 2030, en una cifra cercana a los 10 000 millones de seres humanos o lo que es lo mismo, cinco veces la población existente en 1950.

 

El comportamiento real de la dinámica demográfica hace pensar que esta previsión resultará errónea. Aun si se mostrara aproximadamente realista, planteará el problema, -hasta ahora no enfrentado a escala global-, de cómo mantener una población mundial de forma estable, o con pequeñas variaciones.[3]. Sus movimientos predecibles,- aun alcanzando la estabilidad-, aumentarán, -con toda seguridad-, los desequilibrios entre las diferentes zonas del mundo, pues los procesos demográficos se han bifurcado y presentan comportamientos contrapuestos entre países desarrollados y subdesarrollados. [iv]

 

En los 15 países desarrollados, que controlan el 75% de la riqueza mundial, la expansión del consumo masivo ha provocado una baja sostenida de la natalidad. En algunos, la población ha comenzado a estabilizarse o  tener un índice de crecimiento estancado desde la década de los 90.

 

La baja natalidad genera una demanda de fuerza de trabajo no calificada proveniente de los países subdesarrollados. En ese conjunto, que constituye el 91,66%  del total de estados miembros de ONU, la capacidad de producción masiva de vacunas y producción sintética de vitaminas ha venido provocando el incremento sostenido de la natalidad desde 1950. Este elemento, en interacción con el crecimiento de la pobreza y la degradación del medio ambiente, provoca un flujo migratorio, cada año mayor, de los países de menor desarrollo hacia los países desarrollados. Ante la ausencia de un proceso efectivo de redistribución de riquezas, un número cada día mayor de personas optan por redistribuirse ellas mismas.

 

Considerando los datos disponibles, el flujo migratorio sur- norte se estima, en la actualidad, en más de tres millones de personas al año: 1 867 900 hacia Europa occidental; 250 300 hacia Canadá; 1 064 300 hacia Estados Unidos (Se reconoce que estas cifras presentan un elevadísimo subregistro).[v]

 

Un número -también cada día  mayor- de habitantes del denominado “primer mundo” percibe este flujo como una especie de invasión de nuevos bárbaros, ante la cual reaccionan con actitudes de xenofobia y racismo. La derecha capitaliza estos sentimientos para hacer resurgir un nueva variante de fascismo, apoyado en la xenofobia. Esta vez, no contra el pueblo judío sino contra árabes, africanos, asiáticos y latinoamericanos.

 

Una  paradoja del escenario contemporáneo es que el nivel actual de las fuerzas productivas y el desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología, permitirían la solución de los principales problemas que enfrenta la humanidad, en lugar de su agudización progresiva como ahora sucede. La razón de esa contradicción es que, lo que muchos denominan ¨sociedad del conocimiento¨ es, en realidad, sociedad de la mercantilización del conocimiento. La ciencia y la tecnología, mayoritariamente subordinadas al capital, se orientan más a satisfacer la demanda solvente que  la demanda social.

 

Como resultante de estos procesos existe una masa creciente de seres humanos, en todo el planeta, afectada de diferentes modos por el funcionamiento del sistema pero, a la vez, con nivel de instrucción, medios de interconexión y potencialidades de acción para oponerse a él y cambiar la realidad. Ese conjunto humano es actualmente heterogéneo, atomizado, disperso y, con frecuencia, carente no solo de una visión integrada de lo que en este momento histórico afecta y afectará cada día más sus vidas, sino también de una visión programática que le permita actuar de forma unida para solucionar los desafíos que enfrenta y  enfrentará nuestra especie cada vez con mayor fuerza.

 

La comunidad intelectual es uno de los sectores sociales, a escala planetaria, que dispone de mayores elementos de juicio sobre los peligros actuales y perspectivos que se abren frente a la especie humana; es también uno de los grupos sociales con mayor capacidad de sistematización de ideas. Es su responsabilidad histórica construir y difundir visiones integradas de la realidad que permitan a la sociedad comprender la situación por la que atraviesa, así como participar en la construcción y difusión de elementos programáticos que contribuyan vencer sus actuales desafíos.

 

Para cumplirlo, es necesario apoyarse en las mismas herramientas que ofrece la revolución científico técnica: promover redes globales o participar en las existentes; identificar y establecer nexos entre los líderes intelectuales regionales y mundiales sensibles a la realidad actual -que no son pocos-; desarrollar el intercambio de información y colocar los puntos de vista de los sectores progresistas de la comunidad intelectual en los nuevos escenarios globales de carácter civil; desarrollar en la intelectualidad no sólo la capacidad de diagnóstico, evaluación y pronóstico, sino también la capacidad de propuesta.

 

Para transformar la realidad no basta con un pensamiento crítico, se necesita  un pensamiento programático. La crítica es un imprescindible punto de partida, pero la propuesta y la acción deben ser los puntos de llegada.  Una de las premisas para lograr  ese objetivo es romper los compartimientos estancos entre campos del conocimiento y fomentar el desarrollo de visiones sistémicas y transdisciplinarias.[vi]

 

En una etapa histórica de estas características resulta cada día más necesario develar las interrelaciones entre los procesos locales, regionales y globales; enfrentar la transnacionalización del capital con la transnacionalización de un pensamiento emancipador, basado en valores de justicia, responsabilidad y equidad.

 

¡Muchas gracias por su atención y muchos éxitos!

 

 



[1] Todavía en 1930 Robert Millikan (premio Nobel en 1923) escribió la siguiente frase: “uno puede dormir en paz consciente de que el Creador ha puesto en su obra algunos elementos a toda prueba y que, por lo tanto, el hombre no puede infringirle ningún daño grave. (Citado por Hobsbawm, Eric. Historia del Siglo XX. Cuba .Edit. Felix Varela p 528)
  
  


[i]Water for People, Water for Life.The United Nations World Water Development Report.Executive Summary. United Nations  p 8/13 
[ii]Cuba and the International Situation. Cuba. Ministry of Foreign Affairs. February 2003 pp 2 
[iii] Idem p 1 
[iv]Hobsbawm Eric. HistoriadelSiglo XX. Cuba. Editorial Felix Varela 2003. p 560 
[v]Trends in Internacional Migration and in Migration Policies. Organization for Economic  Co- operation and Development ( http://www.oecd.org/dataoecd/23/50/34641722.xls ) 
 [vi]World Social SciencesReport 1999. UNESCO 

2/7/2015  
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