Río +20 y el develado homocentrismo suicida de los que viven mejor

 

Basados en los bienes que la naturaleza nos ofrece y frente a la profunda crisis capitalista que maneja una economía basada en papeles devaluados como son las monedas internacionales, pretenden basar el valor de sus economías en la mercantilización del aire, el agua, los minerales, la biomasa, bajo el supuesto que su regulación, producirá bienestar para los humanos: es la esencia del capitalismo verde.


Fernando Rodríguez *


La Cumbre de Rio de Janeiro 1992, fue el resultado de un proceso que tiene sus antecedentes más primigenios en la Cumbre de Estocolmo +40, Conferencia Mundial de la ONU realizada entre el 5 y el 15 de julio de 1972 en Estocolmo, Suecia.,.

 

El enfoque de esta Cumbre situaba su centro de mira en la responsabilidad y cuidado colectivo del patrimonio humano que nos rodeaba hacen 40 años, visibilizando en especial a los países pobres y el estado de degradación de la naturaleza que se venía produciendo en estos.

 

En esta Cumbre el eje central no fue el desarrollo, sino la responsabilidad social sobre el bien común que constituye el medio ambiente.

 

Un otro antecedente al Río 92 constituye la creación de la Comisión Mundial para el Desarrollo del Ambiente, creada por la Asamblea de las Naciones Unidas con el objetivo de hacer un diagnóstico sobre la situación mundial del medio ambiente, cruzado por la variable desarrollo.

 

Como toda Comisión de la ONU, esta debía preparar un informe de diagnóstico, conclusiones y recomendaciones.

 

Este informe denominado Nuestro Futuro Común fue entregado en 1987 y su nombre en el ámbito de la ONU fue el informe Brundtland, pues era el apellido de la coordinadora de la Comisión.

Sobre este informe se puede decir que tiene una faceta interesante y era la del diagnóstico del problema. Pero por otra parte, es un mal informe desde el ámbito de las conclusiones y recomendaciones.

 

Metafóricamente hablando se puede decir que este informe concluía y recomendaba que, frente a un problema de adicción a las drogas, la solución era que el consumidor compre droga de calidad, garantizada, fabricada por la industria transnacional y a precios estables, para impedir que sea víctima de la venta de drogas adulteradas, en precios inestables y producidas casi artesanalmente... No actuaba sobre el problema y las causas del problema, sino que actuaba sobre los efectos, proponiendo que sea el mercado el que resuelva el problema..

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Es así que este informe planteaba que frente a la destrucción ambiental y la pobreza, era el crecimiento el factor que propondría soluciones.

 

Es en este informe en el que se “procrea” el concepto del desarrollo sostenible y se asigna a la tecnología el factor esencial y cualitativo que supuestamente permitiría producir más con menos insumos ambientalmente inapropiados.

 

El desarrollo sostenible, concepto engendrado en este informe, constituyó el caballo de Troya que traspuso murallas político/ideológicas actuando cual bálsamo y placebo, que hacía ilusionar a las sociedades civiles y los Estados, con que se tomaban en cuenta los cuestionamientos al desarrollo mientras nada se hacía para reorientarlo: al contrario, se lo legitimaba.

 

De entonces ahora, 20 años después, la situación ha empeorado. El paradigma homocéntrico medieval que considera al hombre el punto máximo de la creación y con el designio consistente en dominar a la naturaleza, se ha fortalecido y coadyuvado por la globalización que ha producido el mercado mundo, trasponiendo las fronteras geográficas y utilizando a Estados cómplices como plataforma política de su modelo productivo y comercial, generador de élites y desigualdades humanas cada vez mayores.

 

Los resultados de Río +20, no son buenos (recuérdese que ninguna Cumbre Mundial -Copenhague, Durban, Viena sólo para poner algunos ejemplos- logró una buena Declaración, sino más bien, un conjunto de recomendaciones y buenos deseos que en el mejor de los casos, reflejaba buenos diagnósticos). Sin embargo eso no significa el documento final de Río +20 fuera un fracaso.

El sólo hecho de haber puesto en evidencia las acciones del capitalismo verde y lograr que países como Bolivia firme el documento final con reservas y definiciones conceptuales precisas, fue un logro.

 

Aquí quiero destacar un buen trabajo, de bajo perfil pero de alta eficiencia del equipo de negociación para el cambio Climático y la Cumbre de Río de Bolivia, compuesto por Rene Orellana y Diego Pacheco, quienes supieron coadyuvar en la orientación de los avances para la redacción del documento final. Las reservas planteadas y las definiciones asumidas, sin duda, habrán de convertirse en definiciones políticas que ayudarán a los pueblos a mejorar su incidencia y orientaran sus demandas frente a sus gobiernos.

 

También es necesario evaluar el papel de Itamaraty, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil, que una vez más puso en evidencia su calidad para orientar procesos multilaterales y permitió que se arribe al final con un documento, resaltando también el rol de países como China e India, que mostraron una vez más no estar dispuestos a seguir bajo la tuición de ningún país hegemónico, e impusieron en la arena multilateral sus puntos de vista, frenando el avance de las transnacionales de recursos energéticos, químicos, biogenéticos y la complicidad de algunos estados que estas controlan.

 

Será preciso hacer seguimiento a la evolución que este tema pueda tener en los siguientes años en los países del BRICS y el Grupo de los 77. Considero que en ellos tendremos unos potenciales aliados en este tema.

 

La extensión del presente artículo no permite ingresar en el análisis de contenido expresados en algunos párrafos de la Declaración final, pero si permite hacer notar el grado de incidencia que nuestro país tuvo al incorporar el concepto de Madre Tierra en el mismo, produciendo una brecha que seguramente en el futuro nos permitirá avanzar en la propuesta de una nueva generación de derechos, donde el ser humano y la naturaleza se fundan, y produzcan una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra.

 

La mercantilización del agua, el aire, los bosques y hasta el CO2 que emiten, ha sido develada más no derrotada en Río +20. Esto también aparece con claridad en las reservas y definiciones adoptadas por Bolivia.

 

Está claro que las transnacionales mencionadas líneas arriba y sus Estados plataforma, no cejaran en seguir haciendo incidencia en los más altos niveles de las NNU para viabilizar un nuevo ciclo de acumulación originaria de capital.

 

Basados en los bienes que la naturaleza nos ofrece y frente a la profunda crisis capitalista que maneja una economía basada en papeles devaluados como son las monedas internacionales, pretenden basar el valor de sus economías en la mercantilización del aire, el agua, los minerales, la biomasa, bajo el supuesto que su regulación, producirá bienestar para los humanos: es la esencia del capitalismo verde.

 

Frente a esto, queda el compromiso de seguir trabajando y desarrollando en la visión holística y omnidireccional que tiene concebir a la Madre Tierra como sujeto de derechos. Tenemos los argumentos y vivencias. Hagámonos responsables de coadyuvar en esta tarea transformadora y catalizadora de la construcción de un nuevo modelo civilizatorio para el siglo XXI.

 

2012-07-25

*          Forma parte del MG (movimiento Guevarista)

Fuente:  http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=1949

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