Enaltecedor ejemplo de la Isla en Cumbre de Río+ 20.

El informe de la Mayor de las Antillas a esa cita expone sus resultados, retos y prioridades en materia medioambiental y ratifica la voluntad política del país de aplicar estrategias de desarrollo sustentable, acordes con el modelo socioeconómico justo, racional y equitativo que emprende.

Ledys Camacho Casado

13 de junio de 2012

El mundo sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza", una afirmación del Apóstol cubano José Martí en la década del 70 del siglo XIX, que parece recién escrita por su validez y notoriedad en los tiempos que corren.


Podría este ser el lema que presida la Cumbre de Río+ 20, una cita a la que Cuba llega con más aciertos que desventuras para demostrar al amparo de una recia voluntad política, su empeño por garantizar la sostenibilidad del escenario ambiental que soporta el modelo económico hoy en proceso de actualización a la luz de los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido.


La Mayor de las Antillas es ejemplar en los esfuerzos por materializar la esencia del concepto de desarrollo sostenible, "que permite responder a las necesidades de hoy sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para responder a sus propias prioridades".


En su informe a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible que tendrá lugar en Río de Janeiro esta semana, la Perla del Caribe hace un recuento de lo avanzado desde la Cumbre de la Tierra en 1992 hasta la fecha, sin obviar los retos y prioridades a enfrentar en el camino del progreso social y económico.


Un texto que ilustra y reafirma la plena vigencia del desarrollo sustentable en la ínsula caribeña con ejemplos del estado y tendencias de sus recursos naturales; el aporte de la ciencia y la tecnología a los programas del país, con énfasis en el referente al enfrentamiento y adaptación al cambio climático; la contribución de las organizaciones de la sociedad civil; la solidaridad y colaboración con otros pueblos del mundo y el cumplimiento de los compromisos internacionales.


Coordinado por varias instituciones y centros del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), entre estos la Agencia de Medio Ambiente (AMA), en la elaboración del documento participaron especialistas del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, de los ministerios de Relaciones Exteriores y del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, además de la Asociación Cubana de Naciones Unidas.


El mundo está hoy agobiado por el continuo deterioro de la calidad ambiental y la agudización de los más candentes problemas socioeconómicos, un panorama incierto en el que Cuba emerge como país excepcional, indetenible en su afán de trabajar por la sostenibilidad de su modelo económico y social, y cumpliendo la premisa martiana de "con todos y para el bien de todos".


El panel "A 20 años de Río, logros y perspectivas futuras", hizo públicas cifras y datos que demuestran la relevancia de la dimensión medioambiental en los planes socioeconómicos de la nación antillana, que tienen en cuenta su condición de pequeño estado insular, y señala, más que lo alcanzado, los retos y prioridades por venir.


Muchos de quienes se acercan a la realidad cubana, se asombran de que la Isla cuenta con una Ley y Estrategia de Medio Ambiente, y de su amplio pliego de reconocimientos internacionales, como el de ser el único país con una Huella Ecológica Sostenible en 2006, o clasificar en 2007- 2008 entre los de más alto Indice de Desarrollo Humano en el orbe.


Al enumerar las distinciones obtenidas, el director general de la AMA, Tomás Escobar, ponderó el octavo puesto mundial de los cubanos en la protección y atención a niños enfermos, en una selección entre 161 países en la que pasó por delante de Alemania, Rusia, Estados Unidos, Francia y Reino Unido.


Mencionó además que en 2011 era el único país de la región latinoamericana sin desnutrición infantil y en ese mismo año ocupó el lugar 14 en el indicador global de desarrollo educacional, todo lo cual expresa el interés y esfuerzo de Cuba por avanzar a la par en lo social y lo medioambiental.


En cuanto a retos y prioridades incluidos en el Informe a Río +20, se refirió a la conclusión de los Estudios sobre Peligro, Vulnerabilidad y Riesgos frente a eventos naturales, tecnológicos y sanitarios, resultados que forman parte de los programas de ordenamiento territorial a lo largo de todo el archipiélago.


Se señalan también el notorio papel de las ciencias sociales en el proceso de adaptación de la población al cambio climático, así como la urgencia de incrementar la percepción del riesgo y el perfeccionamiento y modernización de los sistemas de alerta temprana, el aumento del uso de fuentes de energía renovables y el empleo más eficiente de las convencionales.


Se subraya la alternativa de hacer un manejo integrado de recursos tales como cuencas hidrográficas, montañas, áreas costeras y bahías, y de los vitales agua y suelo, que posibilita enfrentar la sequía y sus efectos, sumado a la conservación y aplicaciones de la biodiversidad, para potenciar sus beneficios en la salud, la alimentación y la biorremediación, entre otros.


Se incluyen en la lista, la higienización y el tratamiento de residuos agrícolas e industriales, en la línea de reconvertir desechos en materias primas en beneficios de los ecosistemas y una considerable reducción de los costos de producción; mantener la introducción de sistemas de producción más limpia y seguir la apuesta por la agricultura urbana y semiurbana (75 % de los cubanos viven en ciudades y localidades principales).


Se indica entre las prioridades, el mejoramiento del capital natural y los servicios ambientales, una gestión más eficiente del elemento agua y demás medios naturales y, en general, tener en cuenta que los cambios previstos para perfeccionar la economía y la esfera productiva solo serán efectivos  en la medida que se conserven y rehabiliten los recursos ecológicos.


"Cuba -afirmó Escobar- es un país excepcional y se distingue del resto de los que acudirán a Río porque desde 1959 ha mantenido una política responsable  y creciente en la atención y apoyo al entorno, con la mayor inspiración en garantizar la calidad de vida de los cubanos y la distribución justa y equitativa de las riquezas del país.


Y concluyó: "para Cuba el desarrollo sostenible es un tema de soberanía y seguridad nacional, pues la defensa de un modelo socioeconómico como este no admite dependencias ni entreguismos".


Cumplidora de las Metas del Milenio.


Cuba llega a la Cumbre Río+20 con los Objetivos del milenio cumplidos, los cuales ya forman parte de su entramado económico y social, como el apoyo y protección a la población del país, lograr la erradicación de la pobreza y contar con la educación primaria.


Asimismo, establece la promoción de la igualdad de género, mantiene la reducción de la mortalidad infantil, mejora la salud materna, combate el VIH/SIDA, y el paludismo, garantiza la sostenibilidad ambiental y desarrolla alianzas globales para el desarrollo.


De los ocho Objetivos y las Metas asociadas a cada uno de estos, la ínsula muestra cifras que en algunos temas rebasan las fijadas para 2015, como se evidencia en el informe elaborado para la reunión de Río de Janeiro, una oportunidad de buscar compromisos en temas candentes para la humanidad y de ir más allá del debate ambiental, al examinar posibles vías de desarrollo a favor de la sostenibilidad.


Ello requiere ante todo respeto a los 27 principios éticos y filosóficos ya esbozados en la Declaración de Río en 1992, como el de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, al que muy poco caso han hecho los países desarrollados del Norte, en detrimento de las urgencias y nulas posibilidades financieras del Sur empobrecido y endeudado.


Exige este nuevo paradigma, que se inició en la Cumbre de la Tierra con la asociación indiscutible del enfoque medioambiental, con la sociedad, la economía y el desarrollo, un cambio de actitud por parte de los gobiernos más reacios a contribuir con la salud planetaria.


Fue aquel momento, que incluyó la aprobación de la llamada Agenda 21, expresión de la unidad de los países en desarrollo en su lucha por la equidad internacional y la necesidad de implementar un nuevo orden mundial más justo y racional, en función de la integración de la concepción del medio ambiente al desarrollo social y económico de una manera sostenible.

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