José Martí: equilibrio y analogía

El pensamiento de José Martí, según afirma la destacada intelectual revolucionaria Fina García Jose MartiMarruz, se funda en las ideas de analogía y equilibrio. Profundo conocedor y amante de la naturaleza, el Apóstol considera que la misma es un orden, y, por tanto, la sociedad también debe serlo. Cuando se rompe el orden, se produce un desequilibrio que debe ser sustituido por un equilibrio auténtico. Son leyes de compensación que actúan en la naturaleza y por analogía extienden su acción a los hombres y la sociedad.


Julio Castellanos y Alicia Cepero

 

En la diversidad de toda la obra martiana están latentes los conceptos de analogía y equilibrio. Se seleccionan y exponen a continuación algunas de esas ideas, escritas o manifestadas mediante la palabra, en la etapa comprendida entre 1878 y 1895. En el folleto “Guatemala”, editado en 1878, caracteriza al hombre americano a partir de la analogía que deriva de las leyes de la naturaleza, lo que confirma dos años después en magníficas notas que redacta sobre Bolívar en 1880, probablemente hechas para algún discurso, donde vincula la majestuosidad de la naturaleza americana al origen del Libertador, cuando expresa:


“Las aromas de las flores, el olor permanente de la selva, el ruido majestuoso de los ríos, el calor cargado de gérmenes del Sol, los efluvios embriagadores y poderosos, como de regazo de la india joven; de la suntuosa tierra, las mansas y dolorosísimas quejumbres que emanan de las almas invisibles de las razas muertas, perdidas por los aires, errabundas, cargando espíritus blancos: - los siglos y la naturaleza americana se condensaron y dieron a Bolívar … cuando los tiempos o los pueblos tienen por hábito o necesidad de hacer hombres, la naturaleza tiene por costumbre sacarse del seno maternal quién los haga. Y la naturaleza americana puso su espada nueva en manos de Bolívar… Con Bolívar se dio al mundo el hombre americano expansivo, pujante y suntuoso como nuestra naturaleza.”1 


En mayo de 1882 escribe Martí un conmovedor artículo en “La Opinión Nacional de Caracas”, con motivo de la muerte del gran filósofo norteamericano “Emerson”. En el mismo, desarrolla importantes ideas sobre la vida, la ciencia, lo humano, lo sobrehumano y sobre las enseñanzas de la naturaleza, tomando como referencia el siguiente concepto: 


“… La vida no es más que una estación de la naturaleza”.2


Es admirable encontrar en este artículo la relación que establece, por simple analogía, entre las virtudes de este gran hombre y los elementos de la naturaleza. 


“… De él como de un astro, surgía luz. En él fue enteramente digno el ser humano.”3 


Destaca en Emerson, según el Apóstol, su preferencia por la naturaleza, para él lo establecido no es el criterio que se discuta, sino lo que se derive de las enseñanzas de la naturaleza. 


Cuando se refiere a la amistad como virtud del ser humano, de nuevo lo enaltece en excelente analogía: 


“Hay de esos hombres montañosos, que dejan ante sí y detrás de sí la tierra llana.”4 


El concepto filosófico martiano del Universo como la existencia de lo uno en lo diverso es definido según analogías que tienen su origen en los elementos de la naturaleza; al respecto dice: 


“Los astros son mensajeros de hermosura, y lo sublime perpetuo. El bosque vuelve al hombre a la razón y a la fe, y es la juventud perpetua. El bosque alegra, como una buena acción. La naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Y el hombre no se halla completo, ni se revela a sí mismo, ni ve lo invisible, sino en su íntima relación con la naturaleza. El universo va en múltiples formas a dar en el hombre, como los radios al centro del círculo, y el hombre va con los múltiples actos de su voluntad, a obrar sobre el universo, como radios que parten del centro. El universo con ser múltiple, es uno: la música puede imitar el movimiento y los colores de la serpiente… El universo es siervo y rey el ser humano. El universo ha sido creado para la enseñanza, alimento, placer y educación del hombre.”5 


Concibe la relación estrecha existente entre las virtudes del hombre que conforman su conducta y el carácter moral de los elementos de la naturaleza. Al desarrollar este nexo, enfatiza en las leyes que rigen la espiritualidad humana. Coincide Martí con Emerson cuando afirma: 


“… El culto, el destino, el poder, las ilusiones, la grandeza, fueron por él, como por mano de químico, descompuestos y analizados. Deja en pie lo bello. Echa a tierra lo falso. No respeta prácticas. Lo vil, aunque esté consagrado, es vil. El hombre debe empezar a ser angélico. Ley es la ternura; ley, la resignación, ley, la prudencia.”6 


En noviembre de 1884 escribe para la revista América de Nueva York un artículo titulado “Mente Latina”, donde describe la belleza de la naturaleza americana a través de las analogías que conforman el universo: 


“No nos dio la naturaleza en vano las palmas para nuestros bosques, y Amazonas y Orinocos para regar nuestras comarcas; de estos ríos la abundancia, y de aquellos palmares la eminencia, tiene la mente hispanoamericana, por lo que conserva el indio, cuerda; por lo que le viene de la tierra, fastuosa y volcánica;… ¡Oh! El día en que empiece a brillar, brillará cerca del Sol… En esta inmensa suma de analogías que componen el sistema universal, en cada hecho pequeño está un resumen, ya futuro o pasado; un hecho grande.”7


En diciembre de 1885, publica el artículo “Los indios en los Estados Unidos”, en el cual censura la tala indiscriminada de los bosques y su impacto devastador en la región de Adirondack. En él deriva analogías en defensa de la raza india norteamericana; establece la relación naturaleza sociedad y, de nuevo, enfatiza en el vínculo del carácter de los elementos de la naturaleza y la integridad moral del hombre. Así refiere: 


“… Convidan a la grandeza los bosques de Adirondack cercanos que talan en sistema especuladores torpes: en bosques, como en política, no es lícito derribar sino para edificar sobre la ruina… A la serenidad invita el río, que pasa cerca, a fecundar sin ruido e ir hacia delante rumbo al mar: los ríos van al mar, y al porvenir los hombres… El indio es muerto; con este sistema vil que apaga su personalidad: el hombre crece con el ejercicio de sí mismo, como el rodar crece la velocidad de la rueda; y cuando no se ejercita, se oxida y se pudre.”8 


Y resume su defensa en magnífica sentencia de rebeldía: 


“… Fiero aún como todo hombre, como todo pueblo que está cerca de la naturaleza, esas mismas condiciones de altivez personal y de apego a su territorio le hacen revolverse, como una fiera, cuando lo despojan de sus sembrados seculares, cuando echan a tierra sus árboles sacros, cuando el viento caliente de sus hogares incendiados quema las crines de sus caballos fugitivos: y al que le quemó, quema; y al que le cazó, caza; y al que lo despojó, despoja; y al que lo extermina, extermina.”9 


El 10 de octubre de 1888 escribe para el Avisador cubano de Nueva York una hermosa semblanza titulada “Céspedes y Agramonte”. En ella aborda los conceptos de equilibrio y analogía, vinculados a la naturaleza, para caracterizar a estos héroes de la Patria: 


“… De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud. El uno es como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra; y el otro es como el espacio azul que lo corona. De Céspedes el arrebato, de Agramonte la purificación. El uno desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de la luz, el otro vence… Aún quedará en el arranque del uno y en la dignidad del otro, asunto para la epopeya.”10 


Cuando pronuncia su discurso en homenaje a José María Heredia, en noviembre de 1889 y elogia al gran poeta cubano, se destaca el empleo de la analogía y el concepto del equilibrio como ley que rige en la naturaleza. Así expresó: 


“Donde son más altas las palmas en Cuba nació Heredia: en el infatigable Santiago… Heredia tiene un solo semejante en literatura que es Bolívar. Olmedo que cantó a Bolívar mejor que Heredia no es el primer poeta americano. El primer poeta americano es Heredia. Solo él ha puesto en sus versos la sublimidad, pompa y fuego de su naturaleza. Él es volcánico como sus entrañas y sereno como sus altura.”11 


En una de sus obras más trascendentales, publicada en enero de 1891, Nuestra América, pueden encontrarse relevantes ideas relacionadas con la defensa de la cultura del continente hispano americano. En ella también alerta sobre el peligro que representa la república del norte sobre la América Nuestra. Metáfora y analogía son utilizadas por el Maestro en esta obra para alertar y combatir: 


“…El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene el tigre encima. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos… El desdén del vecino formidable que no la conoce, es el peligro mayor de Nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría tal vez a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella sus manos.”12 


Transcurre el primer lustro de la década de los 90 del siglo XIX. Durante esos años fue intensa la actividad de Martí por la unidad de las fuerzas cubanas en torno al Partido que fundó en abril de 1892. Viajó mucho y escribió en EE.UU. y Centroamérica donde también estuvo en varias ocasiones. En uno de sus viajes de visita al Club Patriótico de Nueva Orleans en 1894, observaba los buques cargados de tanques de miel en el puerto y al otro día escribió en sus apuntes filosóficos la siguiente analogía: “La miel roe el hierro”.13 


Obsérvese en este breve, pero profundo pensamiento martiano el equilibrio que siempre concibió entre el sentimiento de ternura y amor como energía que mueve al ser humano y el odio, el egoísmo y la ambición. 


Por estos años es que introduce el concepto del “equilibrio del mundo” que se decidiría, según él, en el lugar exacto que marca el “fiel de América”, en las Antillas, particularmente en Cuba, porque, esta se encuentra por naturaleza geográfica en el punto exacto que marca la aguja de la balanza del continente americano. 


El 14 de marzo de 1893, al cumplirse un año exacto de la fundación de Patria, escribió su artículo “Pobres y Ricos”, donde sentenció: “…El mundo es equilibrio, y hay que poner en paz a tiempo las dos pesas de la balanza”.14 


El 17 de abril de 1894, en el tercer año del Partido Revolucionario Cubano, publica un artículo titulado “El Alma de la Revolución y el deber de Cuba en América”, en el cual aborda el problema en toda su dimensión. Así expresó: 


“En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder —mero fortín de la Roma Americana; y digno de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora— serían en el continente la garantía del ‘equilibrio’, la de la América Española aún amenazada y la del honor para la gran República del norte… Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna.”15 


El 25 de marzo de 1895, redacta y firma junto con Máximo Gómez el “Manifiesto de Montecristi”, en parte de cuyo contenido se plantea: “La guerra de Independencia de Cuba, nudo de haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas, presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al ‘equilibrio’ aún vacilante del mundo. Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia… cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral de América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el ‘crucero del mundo’”.16


Y en la carta de despedida de ese mismo día, a su amigo Federico Henríquez y Carvajal, que constituye parte esencial de su testamento político expresó: 


“Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América Inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el ‘equilibrio’ del mundo. Vea lo que hacemos… usted con sus canas juveniles —y yo, a rastras, con mi corazón roto… Levante bien la voz: que si caigo, será también por la independencia de su patria.”17 


A modo de Conclusión:


José Martí fue un amante y conocedor profundo de la Naturaleza. Descubrió las leyes del espíritu en el estrecho vínculo del hombre en la sociedad a partir de las analogías universales que se derivan, según él, de la propia naturaleza. Se seleccionan para resumir dos de sus pensamientos que mejor ilustran y sintetizan los conceptos de equilibrio y analogía, expresados en dos etapas diferentes de la vida del Maestro. El primero es el verso que escribió a su madre Leonor Pérez desde el presidio de las Canteras de San Lázaro, al dorso de su foto, siendo aún un adolescente: “Piensa que nacen entre espinas flores”. En esta bella expresión se resume genialmente, en época temprana, su concepto de equilibrio. El segundo, lo manifestó durante el discurso que pronunció el 24 de febrero de 1894, un año antes de morir en combate, en honor a su gran amigo Fermín Valdés Domínguez: “El egoísmo es la mancha del mundo, y el desinterés su sol…”18. En los días actuales es determinante esta sentencia martiana. De ella depende la salvación del mundo. O acaba por imponerse el egoísmo como ingrediente principal de la cultura de una sociedad que agoniza, pero que aún prevalece, o triunfa el desinterés de una sociedad nueva, portadora de los mejores sentimientos de amistad y solidaridad entre los hombres de los diversos continentes. Una mirada optimista a los acontecimientos de la América Nuestra, permitiría inclinar definitivamente la balanza universal al platillo de la báscula martiana.


Notas:

 

1- José Martí. Obras Completas. Tomo 22. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, pp. 205-207.

2- Ídem. Obras Completas. Tomo 13. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 24.

3- Ídem, p. 20.

4- Ídem, p. 18.

5- Ídem, pp. 25-26.

Ídem, pp. 28-29.

7- José Martí. Obras Completas. Tomo 6. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975. p. 25.

8- José Martí. Obras Completas. Tomo 10. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975. pp. 321-323.

9- Ídem, p. 323.

10- José Martí. Obras Completas. Tomo 4. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 359.

11- José Martí. Obras Completas. Tomo 5. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 166.

12- José Martí. Obras Completas. Tomo 6. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 19.

13- José Martí. Obras Completas. Tomo 21 Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 381.

14- José Martí. Obras Completas. Tomo 2. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 251.

15- José Martí. Obras Completas. Tomo 3. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 142.

16- Cuadernos Martianos III: Selección de Cintio Vitier. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1996, p. 199.

17- Ídem, pp. 190-191.

18- José Martí. Obras Completas. Tomo 4. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 325.

 

Bibliografía:

 

Martí, José: Obras Completas. Tomo 1-28. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975.

Vitier, Cintio: Cuadernos Martianos III. Selección de Cintio Vitier. Editorial Pueblo y

Educación. La Habana, 1996.

 

Tomado de La Jiribilla  Publicado Julio de 2011

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