Por una relación ética del hombre con la naturaleza

El ideal martiano de la unidad latinoamericana y la vocación solidaria del pensamiento del Apóstol,Dibujo de Marti-Fariñas son apoyaturas necesarias para que la batalla por preservar la naturaleza se comprenda también como parte de la lucha contra la pobreza y la neocolonización del capital sobre nuestros pueblos.


M. M. López



 


“Toda gran verdad política es una gran verdad natural”
José Martí1


Desde que América Latina se convirtió para los europeos en “el Nuevo Mundo”, y comenzó el tiempo interminable en que se le mira desde fuera con los ojos del colonizador, el continente ha soportado una lógica de explotación y despojo de la naturaleza que sobrevive a más de cinco siglos de historia.


Como el resto del planeta, en la actualidad las tierras americanas sufren también el carácter global del cambio climático, un fenómeno que demuestra a todas luces el fracaso de un modelo de desarrollo depredador que vuelve cada vez más vulnerable a la población humana y, especialmente, a los pobres.


Si hace apenas una década las advertencias científicas sobre el calentamiento global y las denuncias sobre la responsabilidad de los países desarrollados en la emisión de gases con efecto invernadero fueron considerados exageradas profecías apocalípticas, hoy se hacen palpables la muntidimensionalidad del fenómeno de la degradación ambiental, sus consecuencias negativas y efectos sociales diferenciados.


A ello se le suma una política recolonizadora que alcanza nivel planetario y evidencia el quebrantamiento de principios éticos y de justicia en guerras sucesivas y potenciales, que ponen al mundo al borde de nuevas catástrofes medioambientales.  


Múltiples han sido las manifestaciones de resistencia social a la acción irracional capitalista sobre los bienes de la naturaleza. Desde la ciencia, la cultura y la intelectualidad se han generado también debates que reclaman un cambio radical que logre al fin “el equilibrio del mundo”. Algunas de estas discusiones y vías de solución han encontrado un anclaje efectivo en el ideario de patriotas americanos como José Martí, el Apóstol de Cuba:


“(…) La mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la Tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo2.”


La lógica de la destrucción debe sustituirse por la de preservación y uso adecuado del medio y la diversidad ambiental. Las políticas saqueadoras han de dar paso a una alianza de los hombres con la naturaleza, que permita aprovecharla con justicia y sensatez. El ideal martiano de la unidad latinoamericana y la vocación solidaria del pensamiento del Apóstol, son apoyaturas necesarias para que la batalla por preservar la naturaleza se comprenda también como parte de la lucha contra la pobreza y la neocolonización del capital sobre nuestros pueblos.


Notas:

  1. Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XXI, 381: Cuadernos de Apuntes, 18 (1894)
  2. José Martí: Maestros Ambulantes, en Obras Completas, t. 8, p. 289.

 

Tomado de La Jiribilla

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