José Martí por una cultura de la naturaleza

Se localiza en su pensamiento una especial sensibilidad de respuesta a lo natural, de tomar a laJose Marti naturaleza como fuente de inspiración, conocimiento y realización plena del hombre en su vínculo con ella. En tal sentido expresó: “[…]  Acerquémonos a la gran Madre; abramos el gran libro, cuyas páginas han escrito los siglos, cuyos actos y hechos son océanos, cuyo conocimiento augusto se pierde en lo intangible e invisible”. 


Dolores Guerra López



 

En homenaje a nuestro Héroe Nacional, Mayor General José Martí Pérez, en el aniversario 115 de su caída en combate el 19 de mayo de 1895, son muchas las actividades que se desarrollaron para rendirle tributo. Una de las que más nos hizo pensar, fue las reflexiones del compañero Fidel, escrita para la ocasión, con el título La trascendencia histórica de la muerte de Martí, donde haciendo un recuento histórico de la memorable fecha plantea: “Haciendo abstracción de los problemas que hoy angustian a la especie humana, nuestra Patria tuvo el privilegio de ser cuna de uno de los más extraordinarios pensadores que han nacido en este Hemisferio: José Martí.”(1)

Al meditar sobre la afirmación de “…los problemas que hoy angustian a la especie humana” y relacionándolo con solo uno de los múltiples dilemas que hoy nos aquejan, nos detuvimos en la relación hombre-naturaleza y al tratar de desentrañar los orígenes acerca de este concepto en el pensamiento del Maestro, nos convencimos definitivamente que es un tema de obligado estudio, justificado por el intento de lograr una visión más cercana de sus motivaciones y actitudes que cobran una gran vigencia en la contemporaneidad.

Cuando nos adentramos en la lectura de sus Obras Completas, captamos su imagen de la naturaleza y su sentir por ella, a partir de las descripciones que hace de la misma, unido a actos injustos ocasionados por los hombres. Así siente desde muy temprano en su rostro la brisa de los árboles, el trinar de las aves, el rumor de los ríos crecidos y la belleza de los tupidos bosques. Pero vio también la naturaleza de la esclavitud y describe en los Versos Sencillos:

XXX

[…]
Rojo, como el desierto,
Salió el sol al horizonte:
Y alumbró a un esclavo muerto,
Colgado a un ceibo del monte.
Un niño lo vio: tembló
De pasión por los que gimen:
¡Y, al pie del muerto, juró

Lavar con su vida el crimen ¡(2)

Una interpretación elemental de los siguientes versos, del mismo poemario, expresa el
lugar primigenio en que se sitúa la naturaleza en relación con el resto de las múltiples influencias que recibió.

II

Yo sé de Egipto y Nigricia
Y de Persia y Xenofonte;
Y prefiero la caricia
Del aire fresco del monte.
Yo sé las historias viejas
Del hombre y de sus rencillas;
Y prefiero las abejas
Volando en las campanillas.(2)


Años más tarde escribió poemas con un sello muy personal, exaltando la belleza de la naturaleza isleña, donde la patria lejana se hacía más querida sobre todo cuando su tierra entrañable  continuaba bajo dominio español, a lo que se suma la descripción del paisaje de otras latitudes que le tocó vivir cuando se encontraba en el exilio.


Se localiza en su pensamiento una especial sensibilidad de respuesta a lo natural, de tomar a la naturaleza como fuente de inspiración, conocimiento y realización plena del hombre en su vínculo con ella. En tal sentido expresó: “[…]  Acerquémonos a la gran Madre; abramos el gran libro, cuyas páginas han escrito los siglos, cuyos actos y hechos son océanos, cuyo conocimiento augusto se pierde en lo intangible e invisible”. (3)
Cuando emigra como exiliado político a los Estados Unidos, donde comienza a expresar su interés  por la dimensión ambiental del progreso, término dominante en la época, contaba  tan sólo con 27 años y se encontraba en plena fase de maduración intelectual.

En los Estados Unidos, lugar en que residiría hasta 1895,  se iniciaba la transición que medio siglo después los llevaría a una posición de hegemonía  entre las potencias  Noratlánticas. Por entonces, el desarrollo de los grandes monopolios que surgían de la fusión del capital financiero e industrial constituía ya el rasgo  más visible de esa transformación y Martí  fue de los primeros latinoamericanos cultos de su tiempo en captar las implicaciones sociales que se derivaban de la traducción, en poderío político, del poder económico así acumulado por esa nueva forma de organización del capitalismo norteamericano


El contraste entre la cultura anglosajona y la latinoamericana conllevan a manifestar el rechazo  del apóstol en 1882 cuando sentencia:


So pretexto de completar el ser humano, lo interrumpen. No bien nace, ya están de pie, junto a su cuna, con grande y fuertes vendas preparadas en sus manos, las filosofías, las religiones, las pasiones de los padres, los sistemas políticos. Y lo atan; y lo enfajan: y el hombre es ya, por toda su vida en la tierra, un caballo embridado […] El Primer trabajo del hombre es reconquistarse […] Sólo lo genuino es fructífero. Sólo lo directo es poderoso. Lo que otro nos lega es como manjar recalentado.(4)


Las anteriores palabras demuestran su defensa por el rescate de una identidad autóctona, propia, para la adecuada formación humana. De este modo, el diálogo entre culturas que emprende a partir de 1880, fecha en que llega a Nueva York, lo va conformando a lo largo de diferentes etapas en su tratamiento del tema. En un primer momento, se centra en  sus colaboraciones para el periódico La América, de esta ciudad y la Opinión Nacional, de Caracas, entre 1881 y 1884, (5) en ellos su atención se concentra en las relaciones entre el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la economía y la naturaleza, en busca de alternativas para una inserción más productiva y justa de América Latina en el mercado mundial.


Es esta también, una etapa de enriquecimiento y contraste no solo de culturas tan diferentes, sino de confrontación y aprendizaje, ya que su obra organiza un conjunto de diálogos con figuras destacadas en las ciencias naturales y humanas de su tiempo, entre las que se encuentran Alejandro de Humboldt, Henry David Thoreau, Charles Darwin, Herbert Spencer, entre otros. Esto le permite un constante incursionar en temas que entonces constituían fuentes de intensas reflexiones y debates científicos-técnicos en el seno de la floreciente  revolución industrial que  se desarrollaba en la ciudad norteamericana de Nueva York.


En su estancia en la otra América, la del norte, donde observa una naturaleza distinta y luego en los diferentes países de nuestra América como México, Guatemala, Honduras, Venezuela, Costa Rica, Santo Domingo, Haití, Jamaica, entre otros, se describe  una de las pasiones de  este cubano universal: su amor por la naturaleza en relación indisoluble con el hombre.


El impacto que tuvo  en Martí la naturaleza obedece también a sus experiencias vivenciales de culturas iguales y diferentes  que tuvo la oportunidad de conocer. Cabe señalar, como ejemplos, su estancia en México y Guatemala, países que le prodigaron un conocimiento esencial de la abrupta, variada y majestuosa creación de la   madre natura  por esas tierras.


El paisaje, la flora, fauna, los fenómenos  naturales, el ser humano en estos contextos, van a ir conformando la imagen de  “[…] esa porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó nacer” (6) La utilización que hace el Maestro de estos elementos, podemos encontrarla de forma especial en sus discursos,  en los retratos de hombres y mujeres que abundan en su obra, así como en el epistolario y sus poemas.


En sus continuos  y variados viajes,  atravesando bosques y océanos, siente la naturaleza como consuelo a su soledad y refugio a sus pesares. Admira su capacidad de asombro ante la obra majestuosa  de los ecosistemas, con los cuales se sentía conmovido y diminuto, testigos son sus apuntes hechos en plena selva, como las de Guatemala, ya acostado en las raíces de los árboles o entre los derriscaderos de Baracoa.


Nunca fue un viajero a quien asustaba los tigres, precipicios o la espesura de la selva. Andando sobre el lomo de una mula dice: “Feliz quien como yo, pueda atravesar una selva, sin que le figuren jueces y difuntos los troncos de los árboles.”(7) Viaja en canoas de indios por la tierra de Belice; en diligencia desde la Guaira a Caracas; a caballo en fatigosas rutas por Haití y Santo Domingo.


Durante los años vividos en América, donde la riqueza del paisaje y la flora incita al hombre al descubrimiento  y la investigación, José Martí, con su increíble capacidad de observación y el infinito amor que le profesó a la naturaleza, reflejó en sus escritos la magnificencia del medio ambiente que lo rodeó, destacando las infinitas formas, funciones y relaciones que establecen las plantas y los animales en los diferentes hábitat  que visitó en su andar por el continente.


También recurrió a la búsqueda de la rica historia de Cuba, a sus raíces como única vía para comprenderla y amarla, así  en sus campañas revolucionarias aludía  con nostalgia al paisaje cubano y en  uno de sus versos lleno de  añoranza expresa:


“¡Sólo las flores del paterno prado tiene olor¡


¡Sólo las ceibas patrias del sol amparan¡”(8)


Mientras estuvo ausente físicamente preparando la guerra necesaria, sufrió por su paisaje, pero cuando el 11 de abril de 1895, su bote de expedicionario toca el apartado paraje de piedras de Playita de Cajobabo, siente que entra en su patria y  anota en su diario dos palabras lapidarias: “Dicha grande”.(9)


Esta hazaña, como dijera el máximo líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz, el 11 de abril de 1978, debió ser particularmente dura para Martí, por el paisaje  abrupto, intrincado, pedregoso, espinoso, con cenagales  y porque fue el estreno de su vida en campaña; sin embargo no encontramos en el Diario de Campaña, una queja ante las dificultades del relieve natural y todos sus elementos.


Hasta el último momento escudriña el paisaje con ojos de naturalista y de revolucionario, admirado siempre por la majestuosidad del entorno y nótese esa huella en la noche del 18 de abril de 1895, casi un mes antes de morir en combate.


La noche bella no deja dormir. Silba el grillo; el lagartijo quiquiquea, y su coro le responde: aún se ve, entre la sombra, que el monte es de cupey y de paguá, la palma corta y espinada; vuelan despacio en torno las animitas; entre los ruidos estridentes, oigo la música de la selva, compuesta y suave, como de finísimos violines; la música ondea y desata, abre el ala y se posa, titila y se eleva, siempre sutil y mínima –es la mirada del son fluido: ¿Qué alas rozan las hojas? ¿Qué violín diminuto, y oleada de violines, sacan son, y alma a las hojas? ¿Qué danza de almas de hojas? Se nos olvidó la comida; comimos salchichón y chocolate y una lonja de chopo asado.- La ropa se secó a la fogata.”(10)


La influencia de la naturaleza en  su obra es profunda, desde la nostálgica identificación con la belleza de su tierra natal “las palmas son novias que esperan”(11) hasta su fascinación por conceptos filosóficos derivados del mundo natural “la vida no es más que una estación de la naturaleza".(12)


Hasta el final de sus gloriosos días se percibe  el amor que le mereció la naturaleza al Héroe de Dos Ríos nuestro José Martí, a quién rendimos  merecido tributo  como él lo pidió, con un ramo de flores y una bandera.


Bibliografía

1. Ballon, C. José (1986): Autonomía cultural americana: Emerson y Martí. Ed. Pliegos, Madrid.
2. Bueno, Salvador (1982): Martí por Martí, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana.
3. García Marruz, F (2003): El amor como energía revolucionaria en José Martí, La Habana, Centro de Estudios Martianos
4. Quesada y Miranda, Gonzalo de (1939): Facetas de Martí, Editorial Trópico, La Habana.
5. Rodríguez, Pedro Pablo (1995): Uno en alma e intento. Identidad y unidad latinoamericana en José Martí, La Habana, Editorial Pablo de la Torriente
Publicaciones periódicas
- Castro, Fidel (2007): Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo, en Granma, 30 de marzo de 2007
Formato Digital
1. Castro H. Guillermo (2004): José Martí para una cultura latinoamericana de la naturaleza, en Multimedia, CD-ROM. Coloquio Internacional “Por una Cultura de la Naturaleza”, La Habana, octubre 2004.
2. Díaz Triana, Renio (2004): José Martí y la Naturaleza: Recepción y Valores, en Multimedia, CD-ROM. Coloquio Internacional “Por una Cultura de la Naturaleza”, La Habana, octubre 2004.
3. García Marruz, F (1974): El tiempo en la crónica norteamericana de Martí, en Entorno a José Martí, Editores Biere
4. Lamore, J. (1974): La idea de la naturaleza en José Martí, en Entorno a José Martí, Editores Biere
5. Martí, José (2001): Obras Completas, Editorial Digital, Centro de Estudios Martianos y   Carisma Editorial, La Habana
6. Peña Proenza,V.M. (2004): José Martí: profeta de los principios agroecológicos para un desarrollo sostenible, en Multimedia, CD-ROM. Coloquio Internacional “Por una Cultura de la Naturaleza”, La Habana, octubre 2004.
7. Ruiz González, T. (2004): José Martí y el medio ambiente, en Multimedia, CD-ROM. Coloquio Internacional “Por una Cultura de la Naturaleza”, La Habana, octubre 2004.
Notas:
(1) Fidel Castro Ruz. "La trascendencia histórica de la muerte de Martí". 18 de mayo de 2010. Granma, 19 de mayo de 2010, p.2
(2) José Martí Pérez (2001): Obras Completas, Editorial Digital, Centro de Estudios Martianos y  Carisma Editorial, La Habana, Volumen 16, pp. 106-107
(3) Ibidem. Volumen 16, p 66
(4) Ibidem. Volumen 7, p 230
(5) Consultar estos artículos en , José Martí Pérez (2001): Obras Completas, Editorial Digital, Centro de Estudios Martianos y Carisma Editorial, La Habana, Volumen 9
(6) Ibidem. Volumen 5, p 468
(7) Ibidem. Volumen 19, p 49
(8) Ibidem. Volumen 16, p 144
(9) Ibidem. Volumen 19, p 215
(10) Ibidem. Volumen 19, p 268
(11) Ibidem. Volumen 4, p 273
(12) Ibidem. Volumen 13, p 24


Tomado de Cubarte

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