Celebración de las raíces. Entrevista a Adolfo Colombres .

Adolfo Colombres, prestigioso escritor y antropólogo argentino valoró la búsqueda en las raíces culturales de los pueblos, en su sabiduría ancestral, en su espíritu comunitario como antídoto frente a lo que llamó “fiesta macabra”.
 

Isachi Fernández Fernández

 


Sobre un orden que pone frente al festín, pero no sienta a la mesa, a la mayoría de los hombres y mujeres del mundo, se pronunció en entrevista exclusiva el ensayista y narrador, quien intervendrá en Cuba en el V Congreso Internacional Cultura y Desarrollo, del 11 al 14 de junio próximo.


¿Cómo interactúan o deben interactuar la cultura y el desarrollo?


La cultura tiene ahora la misión de interceptar todas las formas de dominación, propendiendo a la descolonización profunda no sólo del imaginario social, sino también de las categorías con las que se pretende explicar el mundo, lo que nos pone ante una cuestión epistemológica. No hay que ver ya a la cultura como algo determinado por la estructura social, sino más bien como una conciencia capaz de modificarla y trazar el camino del verdadero desarrollo, que no pasa por el acomodamiento mecánico al orden global, sino por el esfuerzo de globalizar lo propio. Esto último implica situarse con dignidad en el concierto de las naciones, emitiendo mensajes auténticos, que no sean ecos del pensamiento único. Sin esta conciencia que sólo da la cultura, no puede haber desarrollo económico y menos aún social.


La economía que actúa contra la cultura sólo sirve para incrementar la brecha social y profundizar la dependencia, como estamos viendo a lo largo y ancho de Nuestra América. Y también la política debe tomar en cuenta la cultura, defender los valores de un pueblo y responder con coherencia a su proceso histórico, sin traicionar sus gestas fundacionales.
Si la globalización ha existido siempre, ¿por qué se la considera una amenaza especialmente en los últimos años?
En primer término, por el sorprendente desarrollo tecnológico de los medios de comunicación, que permite a unos pocos emisores (trasnacionales de las grandes potencias) saturar el espacio global, desplazando así a los países llamados “periféricos” (que no lo son, mientras respondan a los ejes de su historia) del cauce de su desarrollo evolutivo, o sea, de su verdadero progreso, para subordinarlos a sus designios e intereses, convirtiéndolos en un ser para otros y no para sí. También porque antes se colonizaba el imaginario de los otros pueblos con culturas prestigiosas, que a menudo actuaron como factores fecundantes, que dieron lugar a valiosas transformaciones. Por ejemplo, la influencia del jazz sobre el samba brasileño, de la que surgió la bosa nova, o la influencia de ciertos escritores norteamericanos en el boom de la literatura latinoamericana.
Ahora se coloniza no con verdaderas culturas, sino con mercancías prestigiosas y una cultura de masas cimentada en el american way of life , una “cultura” orientada al consumo masivo y no a la toma de conciencia de los valores profundos de la propia cultura y la cabal comprensión del mundo.


Hay quienes sostienen que el mundo audiovisual se está tornando más democrático.¿Qué puede decir al respecto?


Siempre se podrán hallar buenos programas en la radio y la televisión como para justificar que no faltan ofertas culturales, pero curiosamente, los canales que más educan son los que menos audiencia tienen, no llegando a menudo ni al 1% de los televidentes.
La cultura de masas terminó arrastrando a las grandes mayorías a una cultura del entretenimiento banal y aplanador de la diversidad. Fomenta el no pensar, el no comprometerse, el aislarse en celdas, lejos de todo sentido de la solidaridad social. Por el contrario, me pregunto si en una sociedad de masas, regida por el culto a la mercancía (se la consuma o no), puede haber una verdadera democracia. Creo que no. El poder cae en las manos de quienes pueden venderse mejor, gastar más en una campaña y manipular las conciencias. Eso explica la crisis de la representación política de los partidos y los intentos de practicar formas de democracia directa.
En Argentina, un gobierno “democrático” como el de Menem, muy votado por el pueblo, alienó la economía y destruyó el país de un modo más eficaz que la misma Dictadura Militar, que empezó ese proceso pero no pudo llevarlo hasta el extremo.

 

¿Por dónde asoma el rostro aún la colonización cultural?


En todas partes. Un pensamiento visual colonizado condiciona la misma percepción, llevando a que no se vea el brillo de lo propio y sí las luces falsas de lo que venden los medios de comunicación. Tampoco la sensibilidad responde a los valores de la propia cultura, sino que se despliega y agota en lo que impone el modelo dominante, por lo que junto al pensamiento único está empezando a manifestarse un sentimiento único. Y también, por cierto, la mentalidad está colonizada, porque se organiza el mundo en base a jerarquías de valores que no son propios. No hay nada que sea racional o irracional de por sí. Esto se desprende de una determinada jerarquía de valores, pues cada cultura posee la suya. Lo racional pasaría entonces por sacrificar valores que ese pueblo considera inferiores para preservar otros que ese mismo pueblo juzga superiores.
¿Qué mensaje trae al Congreso?
Que es la hora de abrirse a la diversidad, porque los modelos dominantes, y especialmente el capitalismo en su fase neoliberal, amenazan con llevar pronto al mundo a un colapso. Es preciso ya poner coto a las formas de desarrollo salvaje, que por librarse a un consumismo desaforado no vacilan en saquear los recursos no renovables, tanto propios como ajenos, y tampoco en contaminar la atmósfera, la tierra y el agua, además de excluir al 80% de la humanidad de esta fiesta macabra, la que medra indignamente con sus sobras, volviendo a formas de esclavitud que se creían ya abolidas para siempre. Pero abrirse a la diversidad implica no sólo aceptar las propuestas de las diferentes culturas, sino también su forma de construir la realidad, las categorías de su pensamiento. Y para ello es preciso, por un lado, descolonizar las ciencias sociales, y por el otro, atreverse a pensar desde los distintos lugares antropológicos, sin ese temor de los malos navegantes de perder la costa de vista. Si el sistema dominante nos está llevando a la destrucción del planeta, no queda más que recuperar las raíces, las sabidurías ancestrales, el espíritu de la comunidad como antídoto al egoísmo exacerbado por la competencia y formas de ser en el mundo que no se sustenten en el consumo, en la mercancía. En esas sabidurías, aún fieles a sus preceptos éticos, están las raíces del futuro. Pienso en Chiapas, en Bolivia y las culturas andinas en general, y también en Cuba, que fue asumiendo la riqueza de la cultura caribeña y haciéndose cargo de toda la herencia cultural de Nuestra América ya desde el comienzo, cuando se fundó la Casa de las Américas y la Casa del Caribe, entre otras prestigiosas instituciones de este tipo.


Fuente: CUBARTE

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