Vivir a lo Hollywood: influencia del cine norteamericano en Cuba.

Hacia finales de la década de 1910, el cine europeo había perdido el mercado de Cuba y este pasó a manos de los productores norteamericanos.

 

Mildrey Ponce

 

Ese hecho estuvo condicionado principalmente por la Primera Guerra Mundial, la cual interrumpió la producción de películas europeas y prácticamente detuvo su exportación. Hollywood comenzó así a convertirse en objeto de la fantasía y la fascinación de los cubanos.

Las noticias de Hollywood se convirtieron en cuestión corriente de los medios de comunicación masiva de Cuba y también contribuyeron al surgimiento de una cultura popular del cine.

Tres distribuidoras norteamericanos dominaban el mercado cubano: la Caribbean Film Company (Paramount), Liberty Film Company (Fox) y la Universal Film Manufacturing Company (Universal). Muy pronto se les unieron la United Artist (1921), Metro-Goldwyn-Mayer (1923) y la First Nacional Pictures (1925).

El cine se esparció a las provincias, tanto en las mayores ciudades como en los pueblos y caseríos.

De 1912 a 1920 la cantidad de salas de cine en Cuba se triplicó para alcanzar una capacidad de 150 mil personas que podían disfrutar de la pantalla oscura en una jornada en una población de tres millones.

En las décadas de los 40 y 50 del siglo pasado, las películas norteamericanas se revelaron como el entretenimiento comercial más ampliamente disponible.

La cantidad de películas de estreno aumentó de 380 en 1950, a 465 en 1951 y a más de 500 en 1955, lo cual representaba el 85% de todas las películas estrenadas.

Estudiosos aseguran que en Cuba, como tal vez en ningún otro lugar de América Latina, las películas norteamericanas saturaron el mercado; su proximidad, por supuesto, lo facilitaba.

El gran número de puertos en las provincias, con vínculos directos con el Norte, abría el país a la importación de películas, al mismo tiempo que el moderno sistema de ferrocarriles propiciaba su distribución en el interior.

Partiendo de esas condiciones favorables, es difícil imaginar otra nación donde esta filmografía fuera una parte tan prominente de la cultura popular.

Artículos acerca de las vidas públicas y privadas de las estrellas de cine, sus matrimonios y divorcios, sus triunfos y tragedias, eran frecuentes en la prensa de la época.

El impacto total de las películas norteamericanas en Cuba puede fundamentarse a partir, de la tesis del historiador Louis A. Pérez Jr., quien sostiene que, a diferencia de los norteamericanos, los cubanos no se reconocían a sí mismos en la gran pantalla, sin embargo, podían asumirla como representaciones de formas alternativas de existencia, la posibilidad de nuevos hábitos, costumbres y formas de traspasar fronteras sociales.

El efecto del cine en Cuba, visto como referente de modelos, modas, maneras y aspiraciones, no puede ser subestimado.

Su función simbólica era modelar la imagen del nuevo siglo como una réplica fascinante y universal válida del American way of life, que aludía no solo a una manera de vivir sino también de soñar.

Aquellos valores de conducta que reflejaban las películas provenientes del Norte pasaron a formar parte, en mayor o menor medida, de la idiosincrasia local. En cada momento, se podían encontrar casos en que Hollywood se utilizaba como referencia de identificación.

La influencia de las películas norteamericanas alcanzó hasta algunas facetas sobresalientes de la vida nacional. Las películas de pandilleros, de la década de 1930, fueron particularmente populares, y parecen haber influenciado en el estilo cubano de violencia política.

En su libro Ser Cubano: identidad, nacionalidad y cultura, Pérez Jr destaca como ametrallar desde un carro en marcha, que transmitía ese género de películas, se convirtió en método de la guerra política en La Habana.

El sistema resultaba muy familiar para los cinéfilos: el carro a toda velocidad, la ráfaga de ametralladora, la huida.

En 1935, un intento de asesinar al periodista Ramón Vasconcelos incluyó un automóvil Ford que aceleraba a toda velocidad y desde el cual le dispararon con una ametralladora.

Cuatro años después, el antiguo alcalde de Marianao, Pedro Acosta, fue ametrallado en un tiroteo que siguió ese ejemplo.

La palabra misma “gangsterismo” entró directamente al habla popular para describir tiroteos y batallas a pistolas entre los grupos armados de diferentes tendencias políticas.

En la novela de Edmundo Desnoes, Memorias del subdesarrollo, y como aparece de forma similar en su versión cinematográfica realizada por Tomás Gutiérrez Alea, el personaje protagónico contempla a las mujeres que habían visitado a Ernest Hemingway en Cuba: Ava Gardner, Ingrid Bergman y Marlene Dietrich: las mujeres «que yo usaría como pin up girls para masturbarme».

El hecho de que Desnoes asumió que sus lectores reconocerían el nombre de esas estrellas del cine norteamericano indica el grado en el cual los cubanos estaban familiarizados con Hollywood.

Las películas también desempeñaron un importante papel en el incremento del valor de los bienes de consumo, los hilos que vinculaban la belleza y el glamour con el éxito y la felicidad, a menudo pasan por imitación con las formas norteamericanas, en especial por el consumo de sus productos.

Esas películas aumentaron la sensibilidad por lo norteamericano, y contribuyeron, considerablemente, a la formación de gustos y preferencias, en una palabra, crearon una demanda, que se adaptaba perfectamente a los productos norteamericanos, de los cuales, la goma de mascar, el cigarrillo colgado de los labios o beber whiskey, por ejemplo, tuvieron un eco particular.

La monopolización del cine norteamericano sobre las pantallas cubanas, fue una de las causas que influyó, durante la primera mitad del siglo XX, en la no proliferación de una cinematografía nacional.

Pese al esfuerzo y la voluntad de aquellos llamados pioneros del cine cubano: Enrique Díaz Quesada, Ramón Peón y Ernesto Caparrós, no sería hasta la fundación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en 1959, que comienza una etapa de renacimiento y florecimiento de las producciones cinematográficas, y los cubanos comenzarían a descubrir y reconocer tanto su cultura como su idiosincrasia frente a la gran pantalla.


Fuente: CUBARTE

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