Un problema de alcance mundial, la basura electrónica

La  basura peligrosa contiene docenas de sustancias dañinas para la salud humana y la del medio ambiente; deshacerse de ella es difícil y para conseguirlo se necesitan costosas técnicas para facilitar su reciclaje.

 

Lorraine Chow EcoWatch

 

Se ha escrito mucho sobre la basura electrónica. En 2012 se produjeron 50 millones de toneladas de esta basura en todo el mundo; con la proliferación de smartphones, relojes inteligentes y otros chismes tecnológicos, ese número no hará otra cosa que crecer. Los funcionarios de Naciones Unidas estiman que es posible esperar que para 2017 ese volumen de basura electrónica creada en todo el mundo aumente un 33 por ciento*.

 

Si los aparatos electrónicos fuera de uso no está recogiendo polvo en un rincón del garaje, o bien son reciclados (alrededor del 30 por ciento de las veces) o bien sencillamente tirados a la basura; lejos de nuestra vista, lejos de nuestra mente. Pero mientras avanza en la lectura en su ordenador, es importante recordar que los lujos de la modernidad tienen un precio. Mientras las basura electrónica estadounidense es apenas un 2 por ciento de los desperdicios sólidos recogidos por los servicios municipales de todo el país, es un problema mucho mayor y devastador en países más pobres, como lo demuestran estas inquietantes imágenes del fotógrafo italiano Valentino Bellini de Proyecto Bit Rot. “Aproximadamente el 80 por ciento de la basura electrónica producida en los países desarrollados (con Estados Unidos y Europa en la cabeza de la lista) no se recicla in situ sino que es transportada por mar –la mayor parte de las veces, en forma ilegal– hacia países en desarrollo donde es reciclada ilegalmente”, informa Proyecto Bit Rot.

 

A medida que a los comercios van llegando los productos más avanzados, y los ordenadores de mesa, los reproductores MP3 y la comunicación por cable se convierte en algo obsoleto, este frenesí por los artilugios ha ido generando montañas de basura tóxica que envenena a la gente y el planeta (y no se trata solo de las viejas Blackberrys y MacBookks; también están los viejos refrigeradores, televisores, juguetes y demás).

 

“Especialmente en países como India, China y algunas regiones de África en las que la tecnología está creciendo rápidamente”, dice Bit Rot, “es basura peligrosa, que contiene docenas de sustancias dañinas para la salud humana y la del medio ambiente; deshacerse de ella es difícil y para conseguirlo se necesitan costosas técnicas para facilitar su reciclaje.”

 

Aunque en Estados Unidos la ley prohíbe tirar a la basura los aparatos electrónicos fuera de uso, eso también ocurre; el atractivo de enviar la basura electrónica fuera del país se explica por los costos laborales más bajos y la escasez de regulaciones en esos lugares. Según un informe de Naciones Unidas de 2013, China está “enfrentándose con la realidad de un aumento anual del 20 por ciento de la generación de basura electrónica en el país combinado con el hecho de ser uno de los principales vertederos de la basura electrónica de todo el mundo, una enorme carga ambiental, social y económica”.

 

La ciudad de Guiyu, en el sureste de China, en un importante cubo de desperdicios electrónicos. CNN ha informado de que los trabajadores de Guiyu queman o procesan desperdicios tecnológicos con ácido hidroclórico para recuperar metales valiosos como cobre y acero. Este proceso libera metales pesados como plomo, berilio y cadmio en el medio ambiente. Las cenizas hidrocarbónicas también contaminan el aire, el agua y el suelo.

 

¿Dónde van a parar todos esos desperdicios tecnológicos recuperados? Bueno, vuelven a muchas casas. “Este plástico lo vendemos a Foxconn”, le dice a CNN un trabajador recuperador de Guiyu. Foxconn es una empresa de Taiwan que fabrica componentes para muchas empresa tecnológicas de todo el mundo, como Apple, Dell y Hewlett & Packard.

 

“El proceso de comercialización y la valorización capitalista han creado una verdadera ‘economía de la basura’”, observa Bit Rot. “Esta ‘economía’ extiende la lógica del beneficio económico y la explotación incluso hasta los desechos que esa industria ha producido, creando así un ciclo interminable que saca provecho hasta de su propia muerte.”

 

Cierto es que podemos cambiar nuestros aterradores hábitos modernos, pero lo más probable es que se trate de una larga y ardua batalla. “Fortalecer la legislación internacional y hacer que se respete de verdad restringiría la obtención de enormes beneficios económicos”, escribe con sensatez Bit Rot. “Mandar una computadora a un basurero electrónico en África cuesta dos dólares, mientras su reciclaje sostenible costaría 20.”

 

Entonces, ¿qué se puede hacer? El programa Step initiative de Naciones Unidas está abordando la vastísima crisis de la basura electrónica. La administración Obama también está “seriamente preocupada por el manejo inseguro de los equipos electrónicos usados, sobre todo aquellos que se descartan, y la basura electrónica, tanto dentro de Estados Unidos como en el extranjero, que ocasiona daños a la salud humana y el medio ambiente”, le dijo la portavoz de EPA Liz Purchia a U.S. News.

 

Además, parece que los estadounidenses tienen ahora más conciencia de su propia huella en cuestión de basura electrónica. Un ejemplo: según Recon Analitics, en 2014, el estadounidense promedio ha reemplazado su teléfono móvil cada 26,5 meses, una gran mejora respecto de 2007, cuando lo hacía cada 18 meses.

 

Si usted vive en Estados Unidos y quiere deshacerse responsablemente de sus aparatos electrónicos fuera de uso busque aquí el centro de reciclaje más cercano a su domicilio.

 

 

* La nota en The Guardian (http://www.theguardian.com/global-development/2013/dec/14/toxic-ewaste-illegal-dumping-developing-countries) donde se informa de esto no aclara si este 33% es por año o el acumulado. (N. del T.)  

Fuente: http://ecowatch.com/2015/04/14/bellini-electronic-waste/?utm_source=EcoWatch+List&utm_campaign=a40a8f6820-Top_News_4_16_2015&utm_medium=email&utm_term=0_49c7d43dc9-a40a8f6820-85932365

Traducido del inglés para rebelión por Carlos Riba García

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