Consumo Precoz

Es obvio que los medios de comunicación dictan patrones de comportamiento, hábitos de consumo y paradigmas ideológicos. La diferencia es que todo eso le llega al joven de tal forma envuelto en papel brillante y atado con cinta de colores que no percibe lo vulnerable que es a la dictadura del consumismo.


Frei Betto


Según las estadísticas, el perfil preponderante del joven brasileño de hoy es, al contrario de mi generación, conservador, individualista, distante de aquellos que, a mediados del siglo 20, querían cambiar el mundo.

Ahora el joven se muestra más preocupado por tener un buen empleo que por motivaciones ideológicas; menos propenso a riesgos y más apegado a la familia. La relación con la sociedad es más virtual que real: encerrado en su cuarto, no necesita rezar “vengan todos a mi reino”, pues todo le llega a través del teléfono, de la televisión, de Internet, del MP3.

La cultura consumista nos ofrece a todos, en cáliz dorado, el elixir de la eterna juventud. Los jóvenes no quieren dejar de ser jóvenes; los adultos y ancianos se empeñan en imitar a los jóvenes. Y el principal factor de afirmación es la autoimagen, la valoración de la estética.

El joven actual no quiere arriesgarse; lo que anhela es experimentar. Ante la falta de motivación religiosa, experiencia espiritual e ideología altruista, tiende a buscar en la bebida y en la droga la alteración de su estado de consciencia. Sin eso no se siente suficientemente relajado, locuaz, divertido y osado.

Es obvio que los medios de comunicación dictan patrones de comportamiento, hábitos de consumo y paradigmas ideológicos. La diferencia es que todo eso le llega al joven de tal forma envuelto en papel brillante y atado con cinta de colores que no percibe lo vulnerable que es a la dictadura del consumismo.

En el Brasil la ingesta de licores está legalmente prohibida a los menores de 18 años (en los Estados Unidos 21 años). Pero la fiscalización funciona mal y el Estado permite la publicidad de cerveza a cualquier hora en radio y televisión -concesiones públicas- y el estímulo al consumo precoz. Incluso la utilización publicitaria de personas famosas de las áreas de entretenimiento, artes y deportes, para suscitar en los niños y jóvenes reacciones miméticas de consumo de alcohol.

Datos del Centro Brasileño de Informaciones sobre Drogas Psicotrópicas (Cebrid) informan que el 42% de los niños brasileños con edades entre 10 y 12 años ya consumieron alguna bebida alcohólica, y que el 10% de los jóvenes de entre 12 y 17 años pueden ser clasificados como dependientes del alcohol.

Los adolescentes creen que una copa de ron no implica riesgo para la salud. Quizás. El problema es que, al reunirse en un bar, él bebe ocho o diez. O pide el más barato, en el doble sentido de la palabra -costo y efecto: una garrafa de aguardiente o de vodka cuesta menos que una ronda de ron y provoca rápidamente “un viaje”…

¿El Ministerio de Salud ya calculó cuánto le cuesta el alcoholismo a las arcas públicas? ¿Cuánto gasta el INSS con los alcohólicos impedidos de trabajar por culpa de la dependencia? ¿De qué sirven las campañas de prevención si atletas de renombre hacen propaganda de bebidas alcohólicas?

La publicidad de bebidas destiladas -aguardiente, güisqui, vodka- obedece a la restricción de horarios, regulados por la ley 9.294/1996. Entre las 6 y las 21 horas está prohibida la publicidad de dichas bebidas, a pesar de que muchas radios burlen la prohibición. La cerveza, que aporta el 70% de todo el alcohol ingerido en el Brasil, no entra en la reglamentación. Y es por ella por la que muchos jóvenes ingresan en la dependencia química.

 Para la ley 9.294 bebida alcohólica es la que tiene más de 13 grados en la escala de Gay-Lussac. El Congreso Nacional lo determinó así presionado por los productores de cerveza y de vino. Sin embargo normas internacionales consideran que es alcohólica toda bebida con 0.5º GL o superior.

Todas las demás leyes del Brasil -de tránsito, de fabricación, etc.- consideran alcohólica toda bebida con más del 0.5 GL. La cerveza tiene cerca de 4.8º GL. Verifique con una lupa el rótulo de una cerveza que diga “sin alcohol”. Con excepción de una marca, las demás tienen 0.5 GL, o sea hacen, con respaldo en la ley, una propaganda engañosa. De ese modo, los padres descuidados dejan que los niños tomen cerveza “sin alcohol”, y alcohólicos en tratamiento son víctimas del mismo engaño.

El Código de Autorregulación del Conar (Consejo de Autorregulación Publicitaria) advierte que los comerciales de cervezas no deben ser atractivos para el público joven. Pero lo que se mira es lo contrario. Los espacios publicitarios emanan jovialidad, buen humor, espíritu de tribu, lenguaje propio de jóvenes, sin que haya ningún control.

Ya vienen la Copa del Mundo de Fútbol y las Olimpiadas. Si quedara libre el derecho de asociar deportistas con bebidas alcohólicas, la Ley Seca, con toda seguridad, va a quedar en nada…

En muchos países, como en Canadá, hay reglamentación sobre la bebida alcohólica, a fin de proteger al público infantil. Y por eso no venden bebidas alcohólicas en supermercados, tiendas, panaderías y pulperías. Sólo se permite en bares y restaurantes.

El Free Jazz, un festival de música, fue cancelado por estar patrocinado por una marca de cigarrillos. Pero el más elegante camarote del sambódromo exige que se vista la camisa de una productora de cerveza. No existe el aviso de “Si fuma no maneje”. Pero en el caso de la bebida…

El argumento de que regular la publicidad es censura o cortapisa a la libertad de expresión es mero terrorismo consumista centrado en anteponer intereses privados al interés público, como es el caso de la protección de la salud de la población, en especial de nuestros niños y adolescentes.

(Traducción de J.L.Burguet)/ ALAI, América Latina en Movimiento


Tomado de Diario Ojo Pelao  Publicado 08/04/2004


Fuente ALAI

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