CLAUSURA DE LA SEGUNDA CUMBRE MUNDIAL DE LOS PUEBLOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Cochabamba, octubre 12 del 2015

Discurso pronunciado por Rafael Correa en la clausura de la II Conferencia Mundial contra Cambio Climatico y en Defensa de la vida. Tiquipaya, Bolivia del 10 al 12 Octubre 2015

 

 

Siempre es una alegría estar en esta Bolivia, hoy símbolo de dignidad, de soberanía, magistralmente dirigida por un hermano indígena, el hermano Evo Morales Ayma. Gracias, Evo, por esta invitación.

Un cálido abrazo del Ecuador y de la Patria Grande –de Latinoamérica- a las compañeras y compañeros representantes de los movimientos sociales nacionales e internacionales de América Latina, Europa, África y Asia que han participado en este encuentro.

Voy a tratar de dar algunas ideas sobre las cosas que debemos llevar a esa cumbre que es un gran desafío, significa grandes esperanzas, pero también grandes riesgos: la COP21, en París; porque, no solo debemos ir, masivamente, a exigir nuestros derechos a París el próximo diciembre, también debemos ir con propuestas concretas, entendiendo lo que está pasando.

Sepan ustedes que en los últimos 50 años las emisiones de CO2 se han multiplicado 3,6 veces, es decir, un crecimiento promedio anual de 2,6%. De mantenerse esta tendencia, en 28 años las emisiones actuales se habrán duplicado. La evidencia indica que el consumo de energía y la generación de emisiones son directamente proporcionales al nivel de ingreso, lo cual significa que el efecto consumo domina al efecto eficiencia. Pese a ser más eficientes (los países del primer mundo) en el consumo de energía, un habitante de los países ricos emite 38 veces más CO2 que un habitante de los países pobres. Todo esto nos lleva al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Todos somos responsables de cuidar el planeta, pero hay gente que es mucho más responsable porque está contaminando en mayor medida el planeta Tierra. Por supuesto, también hay afectación ambiental ligada a la pobreza, afectación como erosión de suelos, falta de 3 tratamiento de residuos sólidos, contaminación de los ríos con las aguas servidas de las ciudades, etcétera. Los países pobres y los países en transición hacia el desarrollo necesitamos recursos para cuidar la naturaleza. Y, paradójicamente, ellos pueden venir de los recursos naturales no renovables explotados responsablemente.

En Ecuador tenemos un gran potencial minero y hay un gran debate sobre la minería. Algunas posiciones antiminería utilizan argumentos muy simplistas, como: “toda mina contamina”. En consecuencia: no hay que tener minas. Bueno, todo carro contamina; en consecuencia ¿no hay que tener carros? No. Hay que elaborar un poquito más, dar argumentos un poquito más inteligentes. Por ejemplo, en Ecuador, donde todavía no tenemos gran minería, la mayor fuente de contaminación del agua dulce son las aguas servidas de las ciudades. Y para remediar ese problema tenemos que invertir miles de millones de dólares, que no tenemos. Con una minería bien planificada podremos tener los recursos para purificar el agua dulce. Tenemos que ser muy objetivos en esto, para no caer en los lugares comunes y simplismos del llamado “ecologismo infantil”. Además, hay un problema adicional: la diferencia en eficiencia energética entre los países ricos y pobres es aún abismal y se incrementa en el tiempo, en forma concreta 4 de 4 a 5 veces más –a favor de los países ricos- entre 1971 y 2010. La superación de estas brechas se puede lograr con el acceso al conocimiento, a la ciencia y la tecnología. Pero aquí también hay una disparidad enorme entre los países ricos y los países pobres. Los países ricos producen gran cantidad de conocimiento, que a través de patentes privatizan, mientras que los países pobres, como la investigación en el mundo moderno es extremadamente cara, no tenemos esa capacidad de generar tecnología, ciencia, etcétera. Y ese es uno de los grandes desafíos, dicho sea de paso, de nuestra América.

HACIA UNA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA

Las inequidades mundiales no solo se reflejan en la distribución de las emisiones, en la brecha tecnológica, sino, lo que es peor, en la incidencia del calentamiento global y del cambio climático, donde los más vulnerables son los países más pobres: muchos países africanos, muchos países isleños.

Países como Ecuador aportan menos del 0,1% del total de emisiones de CO2, pero sufre las consecuencias del cambio climático. Por ejemplo, el único pingüino que llega a la línea equinoccial, el pingüino de las Galápagos, está en 5 peligro de extinción debido al calentamiento de las aguas marinas superficiales. Por ello es necesario caminar hacia una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza.

El principal derecho universal de la naturaleza debería ser que pueda seguir existiendo, pero, también, que pueda seguir ofreciendo los medios de vida necesarios para que nuestras sociedades puedan vivir con el Sumak Kawsay, con el Buen Vivir. Y esta debe ser una idea fuerza para evitar ciertos fundamentalismos: El ser humano no es lo único importante en la naturaleza, pero sigue siendo lo más importante. En otras palabras, como lo dice el papa Francisco en su encíclica Laudato Sí: “Todo planteo ecológico implica un planteo social”. Y el principal desafío, la principal responsabilidad para los países pobres –o en transición hacia el buen vivir- es superar la pobreza. Y los derechos de la Naturaleza implican que ésta pueda seguir existiendo, pero que, a su vez, permita el buen vivir de los seres humanos. ¿Por qué esto es tan difícil de lograr dentro de un sistema como el capitalismo mercantil? Porque para el capitalismo de mercado: lo que no tiene precio, prácticamente no existe.

 BUEN VIVIR, VALOR Y PRECIO

Para el socialismo tradicional y el socialismo del buen vivir, el socialismo del siglo XXI, lo importante es lo que tiene valor, así no tenga precio. ¿Y, qué es valor? Capacidad de satisfacer necesidades, capacidad de ayudarnos al buen vivir. Y hay muchas cosas con un inmenso valor, pero sin precio: ¿Cuál es el precio de la Naturaleza? ¿Cuál es el precio de ese bien supremo que hemos alcanzado en América Latina, que es la paz, la capacidad de solucionar nuestros conflictos sin violencia? Son cosas que no tienen precio, pero tienen un inmenso valor, compañeros. Los bienes ambientales, por ser de libre acceso no tienen precio (pudieran tenerlo, ya me voy a referir a aquello), pero tienen un inmenso valor.

El aire puro que genera la selva amazónica, ¿qué precio tiene?, pero probablemente sin ese aire puro la vida en el planeta sufriría graves deterioros. Por eso el capitalismo mercantil –en su lógica- no va a poder resolver este problema, porque para ellos solamente lo que tiene precio existe, mientras que hay cosas con inmenso valor, sin precio, y esos son nuestros bienes ambientales: esa es nuestra naturaleza, esa es nuestra madre tierra, compañeros.

UNA NUEVA NOCIÓN DE DESARROLLO

¿Pero, por qué más el capitalismo salvaje, tradicional, no va a poder solucionar este problema desde su lógica? Por algo en lo que también cayó el socialismo tradicional y para mí fue el mayor error de ese socialismo tradicional: propuso una vía más rápida, más justa, pero para llegar a lo mismo: al materialismo, consumismo, acumulación, industrialización, urbanización. Es decir, no disputó la noción de desarrollo con el capitalismo. Este es un aporte del socialismo del siglo XXI, presentamos al mundo otra visión, otra noción de desarrollo, prestada de nuestros pueblos ancestrales: el Buen Vivir, el Sumak Kawsay, que no significa vivir mejor cada día en una locura de acumulación, de crecimiento infinito que es imposible; significa vivir bien satisfaciendo necesidades básicas, pero en armonía con uno mismo, en armonía con la naturaleza, en armonía con las demás culturas…

Es lo que los chinos están tratando también de definir; ellos hablan de una “sociedad moderadamente acomodada”. En rigor, no es que están disputando la noción de desarrollo vigente, la están limitando un poco, para poder sostenerla. Nosotros vamos más allá: el ser humano no se limita a la parte material; aquellos postulados de la economía neoclásica son una barbaridad antropológica por donde se los mire:

Que “las necesidades son ilimitadas y los recursos limitados”. Con ese criterio, un ser humano como nuestro querido Pepe Mujica –quien ha dicho reiteradas veces que no necesita nada más para ser feliz- no existe. Son las tonterías que nos han llevado a la destrucción del planeta. Insisto, por eso, desde la lógica capitalista, desde la economía ortodoxa no se va a poder resolver el problema del cambio climático, del cuidado de la naturaleza.

LA NUEVA DIVISIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO

¿Cuál era la tradicional división internacional del trabajo? Que los países pobres produjéramos materias primas y los países ricos las elaboraran para generar bienes industriales, que nos los vendían a nosotros mismos. Pero, allá se quedaba el valor agregado, allá se quedaba el empleo, el mayor ingreso. Eso ha cambiado, estamos intentando generar nuestra propia industria, mejorar tecnologías, etcétera… Por supuesto, nos mandan tecnología de generaciones anteriores, no de punta, de última generación. Eso está cambiando, pero, cuidado, ya estamos en otra situación. ¿Cuál es la nueva división internacional del trabajo?

Que los países ricos generan conocimiento –ciencia, tecnología que privatizan, mientras países como Bolivia, Venezuela,  Ecuador, países de la cuenca amazónica, generamos bienes ambientales que ellos consumen gratuitamente. Y debería ser exactamente lo contrario. Porque, ¿qué pasa con el conocimiento, compañeros?: el momento que ustedes tienen un programa de computación: Evo lo tiene, utiliza ese programa; Nicolás lo tiene, utiliza ese programa de computación. El hecho de que Nicolás lo utilice no impide que Evo también lo utilice… El rato que yo me como una manzana, Evo no se puede comer la misma manzana; pero si yo utilizo un programa de computación, Evo también lo puede utilizar. Es lo que se llama “no rivalidad en el consumo” y cuando un bien no tiene rivalidad en el consumo, una vez creado, mientras más gente lo utilice, mejor. Esa es la característica del conocimiento, de la ciencia y de la tecnología. Como dice Bernard Shaw, un gran pensador: Si yo tengo una manzana y tú una manzana y las intercambiamos, al final los dos seguimos teniendo una manzana. Pero, si tú tienes una idea y yo tengo otra idea y las intercambiamos, al final del día tú tienes dos ideas y yo tengo dos ideas. ¿Se dan cuenta? El conocimiento, la ciencia, la tecnología no tienen rivalidad en el consumo. Pero se las privatiza. ¿Y cómo se las privatiza?: con patentes. Y en nuestros países hay cárcel si no se paga una patente –y eso es lo más 10 parecido a la prisión por deudas-, pero no hay cárcel si una transnacional destruye nuestra naturaleza.

Por el contrario, los bienes ambientales, pese a que se destruyen al consumirse –se contamina, se genera cambio climático- siguen siendo de libre acceso. Técnicamente, al conocimiento también es posible acceder de forma libre, pero se ponen barreras institucionales, patentes, leyes que sancionan al que utilice un conocimiento sin pagar regalías, etcétera.

 La gran pregunta: ¿Por qué no se hace lo mismo con los bienes ambientales? Pueden buscar los pretextos que quieran, la única respuesta es el poder. ¿Quiénes son los contaminadores, pero que producen conocimiento que privatizan y en cambio consumen bienes ambientales libremente? Son los más poderosos.

 JUSTICIA AMBIENTAL Y DESARROLLO

La solución más importante para el problema del cambio climático y el calentamiento global está en una palabra que define al socialismo y esa palabra es justicia. Y en este caso, justica ambiental. El momento en que haya justicia a nivel planetario, cuando los grandes contaminadores se responsabilicen del daño que hacen, cuando se compense a los países que sufren  por el daño climático, cuando se compense a los países que generan bienes ambientales, solo entonces la agresión contra la naturaleza se verá grandemente limitada, porque van a tener que pagar por sus acciones, porque vamos a tener que cambiar la nueva e injusta división internacional del trabajo.

Se trata de un problema político y para resolverlo se necesita una noción de justicia: compensar valor, compensar los bienes ambientales, firmar Kioto para obligarse a cuidar la naturaleza y compensar a esos países, a esos actores, que generan esos bienes ambientales. Lamentablemente, queridos compañeros, en el siglo veintiuno la justicia sigue siendo la conveniencia del más fuerte.

 Para graficarles un poquito de lo que estoy hablando. Por un instante imagínense que la situación fuera la inversa, que los grandes contaminadores fuéramos Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba y el que tuviese la selva amazónica fuera Estados Unidos o fuera Europa. ¿Quién puede dudar que hace rato nos hubieran hasta invadido para exigirnos una “justa compensación”? Y todo en nombre de “civilización”, “justicia”, “derecho”, etcétera. Sin embargo, como la situación no es la contraria ni siquiera firman “Kioto” y siguen consumiendo nuestros bienes ambientales.

Sólo compensando el consumo de bienes ambientales no tendríamos ya más necesidad de financiamiento para el desarrollo. Y aquí otra idea fundamental para cualquier debate sobre sostenibilidad: la conservación, en países pobres o en países con pobres, no será posible, si ésta no genera claras y directas mejoras en el nivel de vida de su población. Yo no le puedo decir a una familia pobre, sin empleo, sin ingreso, que vive al lado de un bosque: no cortes el bosque; si no recibe un beneficio de ese bosque, lo va a cortar para alimentar a sus hijos, compañeros.

No aceptemos el rol que nos quieren dar de guardabosques gratuitos del mundo, como decía Evo en las Naciones Unidas. Para que la sostenibilidad –la conservación de la naturaleza- pueda mantenerse en el tiempo debe haber beneficios directos para nuestros pueblos, sobre todo para los más pobres. Les insisto, esto es lo que dice el papa Francisco en su encíclica Laudato Sí, “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social”. Y el acceso a la ciencia y tecnología es vital para los países pobres en la lucha contra el cambio climático y contra la pobreza. Por eso –y este es un punto que debemos llevar a la COP21-

ES INDISPENSABLE DECLARAR A LAS TECNOLOGÍAS QUE MITIGUEN EL CAMBIO CLIMÁTICO Y SUS RESPECTIVOS EFECTOS COMO BIENES PÚBLICOS GLOBALES, GARANTIZANDO SU LIBRE ACCESO.

 Es necesario luchar por ese Tribunal Internacional para cuantificar y obligar a pagar la deuda ecológica que tienen los países más ricos; pero, sobre todo, evitar que esa deuda siga creciendo, porque en la lucha contra el cambio climático ya no es cuestión de ricos o pobres. Si esto sigue así, en el mediano o largo plazo todos seremos pobres… si es que puede subsistir la vida en el planeta. Y aquí otra paradoja: Hay tribunales para la deuda financiera; hay tribunales arbitrales para proteger, no los derechos, muchas veces los abusos de las transnacionales.

¿Por qué no hay tribunales para algo tan fundamental como establecer la deuda ecológica, los responsables del daño al planeta, que se compense a las víctimas de ese daño y, sobre todo, que no se siga dañando al único planeta que tenemos? Todo responde a poder, compañeros. Por eso esta lucha no es solo técnica, es una lucha política. COP21, PARÍS A finales de este año estaremos en la Vigésima Primera Conferencia de las Partes (COP 21) de las Naciones Unidas, en París. 14 Si en esta conferencia fracasamos y no logramos acuerdos vinculantes para proteger este único planeta que tenemos, podría empezar el entierro de nuestra civilización. Pero si alcanzamos la victoria, si logramos esos acuerdos vinculantes, si logramos el compromiso de los países más contaminadores –que también son los más poderosos-; es decir, se trata de una lucha política en función de esa justicia ambiental, pero si logramos esa victoria, celebraremos la Conferencia 22 con el cántico del primer manifiesto ecológico, escrito en el año 1225 por San Francisco de Asís. Cantaba, decía el santo: “Por el hermano viento, por el aire, la nube, el cielo sereno y todo tiempo”. ¡Por todos ellos vamos a vencer, compañeros!

¡Que viva Bolivia! ¡Que viva Venezuela! ¡Que viva Ecuador! ¡Que viva Cuba! ¡Que viva la Patria Grande! ¡

Que vivan los pueblos del mundo!

 ¡Hasta la victoria siempre!

 

 RAFAEL CORREA DELGADO

Presidente Constitucional de la República del Ecuador

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